Una leyenda en el podio

Una leyenda en el podio

Los Gasol y Navarro forman el núcleo duro de la Selección. Son inseparables. Por eso en algún momento en un taxi en Cluj-Napoca en la primera fase, desde que dieron el sí a Scariolo para estar en un nuevo campeonato, en alguna noche en la habitación de Navarro y Pau... hubo una conjura por parte de los hermanos y de toda la Selección. La derrota ante Eslovenia no hizo más que reforzarla: había que homenajear a su capitán con la décima medalla en su carrera como internacional. Navarro dice adiós a la Selección con el récord de 253 partidos, una decena de metales en Mundiales, Juegos y Eurobaskets y muchos momentos legendarios. El Navarro de la «Semana Fantástica» del Europeo de 2011 ya no volverá, pero su presencia en la Selección sólo puede discutirse desde el desconocimiento de lo que significa para el equipo, para Pau, para la Federación, para los jóvenes y para el propio juego. Hay figuras a las que hay que venerar y él es una de ellas. Scariolo es otro de los enamorados del capitán: «Para mi ha sido un privilegio poder estar con él. En los momentos tristes es cuando más me ha enseñado que es un gran deportista. Quien no entienda la grandeza de Juan Carlos, no puede entender la grandeza de este equipo. Es una leyenda viva que nos ha inspirado, apoyado y en muchísimas ocasiones ha sido la clave para ganar y es el pegamento de este grupo»

Ese pegamento del que habla Scariolo ha sido su gran aportación en los dos últimos campeonatos (bronce en Río y bronce en Estambul). Ante Rusia jugó más que nunca en este torneo. Los nervios sólo le dejaron anotar dos puntos y eso que el balón no traspasó el aro. Mozgov, con un tapón ilegal, evitó la última canasta de Navarro. Dio igual porque los hermanos Gasol se empeñaron en que su mejor amigo en la Selección se fuese como merecía. Entre ambos sumaron 51 puntos, 14 rebotes, 4 asistencias y 4 tapones. Fueron imparables para los rusos, que pelearon hasta el final (78-76 a 2:50), pero no estropearon la fiesta de la «Bomba».

Agradecimientos

Después de una temporada para olvidar en el Barça, el único objetivo del capitán era llegar sano a la Selección para poder superar el récord de internacionalidades de Epi y despedirse con una nueva medalla. Lo cumplió todo: 253 partidos y otro bronce. «Esto tenía que llegar y estaba decidido antes de la concentración. Estoy superorgulloso de haber llegado hasta el final porque nos las tenía todas conmigo. Todos hemos trabajado muy bien y hemos medido muy bien los tiempos. Me quedo con eso, con toda la gente que me ha ayudado», declaró. Navarro es un tipo tranquilo, pero... «Los sentimientos están a flor de piel. Han sido sentimientos raros antes del partido, muchos mensajes, algunos muy importantes que te tocan más, pero orgulloso de haber estado aquí y de ganar otra medalla. Mis hijas me han enviado mensajes muy chulos, esos son los más importantes, pero hay muchos. Por suerte he hecho buenos amigos en este camino y la gente respeta lo que he hecho por la Selección». Con 37 años y en la hora del adiós, Navarro fue el primer jugador en explotar de la generación del 80: «Cuando empezamos nunca hubiera soñado con ganar tantas medallas. Nos hemos juntado una generación ganadora con un ‘‘feeling’’ increíble y esto da sus frutos. Viene gente con muchas ganas y talento, pero lo que hemos hecho en el transcurso de estos años será difícil de igualar».

Navarro acabó como quería. Había hablado con Scariolo que si todo estaba resuelto disputaría los últimos segundos y así fue: «Quería acabar el partido y hacerlo ganando. Ha habido un momento de nervios y se me ha pasado por la cabeza que se podía complicar y se podía fastidiar la fiesta, pero bueno». Y ahora qué: «He aguantado bastante bien las lágrimas hasta el momento, pero lo llevo por dentro. En la habitación se me pone el ojo rojo y saltan las lágrimas, luego me intento recomponer, pero, en definitiva, quiero agradecer a los compañeros la naturalidad con la que han llevado esta situación». Gracias por todo Navarro.

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