Messi desencadenado

Messi desencadenado

A la espera del juego, de definirse como equipo, no hay mejor terapia que la victoria para evitar que las dudas te acaben devorando. Y en ésas está este Barcelona de Ernesto Valverde y de Leo Messi, que volvió a dar una exhibición para acabar con el aburrimiento. Con el «10» en el campo bostezar está prohibido porque te puedes perder un remate imposible, un regate, un amago... Ha comenzado el Barcelona la Liga con cinco triunfos en cinco partidos, pleno, líder, aunque con lagunas en la forma de conseguir la victoria, algo que era pecado hace no tanto en la Ciudad Condal. En el siglo XXI ha presumido el conjunto azulgrana del qué (ganar) y del cómo (jugar de forma brillante). Le está fallando esta última parte, hasta que interviene Messi para desatar la fiesta. Pero esto no ha hecho más que empezar y Valverde todavía está en la búsqueda de esa «vuelta al estilo» que anunció en su presentación. Mientras, tiene a Leo.

Para ser justos con el Eibar, parte del atasco azulgrana fue por culpa del rival. Los equipos de Mendilibar son así: asustan, presionan arriba, incordian desde la misma salida del balón y son peligrosos cuando logran robarlo. El Eibar presionó bien y después trató con corrección la pelota. Un arranque casi perfecto. Tuvo Enrich el gol en sus botas para quitar el «casi» de la frase anterior, pero después de controlar bien un pase de Juncá su remate fue malo. Buscó la colocación y se encontró con Ter Stegen, pero estaba feliz Mendilibar. Se podía decir que en los primeros 20 minutos del encuentro mandaron los suyos, a los que les «mataron» sus errores. El primero lo cometió Gálvez, que se dejó ganar el espacio por Semedo cuando tenía ventaja. El lateral, que está dejando una gran sensación tras una mala pretemporada, se colocó delante de la pelota y fue arrollado por el central. Penalti y balón para Messi, sin duda. Tampoco la había cuando estaba Neymar, pero es que ayer al lado del argentino no jugó ni su amigo Luis Suárez. Leo lanzó como lo viene haciendo últimamente: con poca carrerilla, aunque en esta ocasión optó por el toque sutil en lugar de por el disparo seco.

El gol del «10» tampoco cambió demasiado el panorama. Se esmeró algo más el Barcelona y siguió el Eibar con su apuesta valiente, aunque con menos llegada. Los compañeros en ataque de Leo fueron Deulofeu y Denis Suárez, más voluntariosos que acertados, sobre todo el extremo, que está atascado en lo que siempre ha sido su especialidad: el desborde. Deben seguir creciendo y tendrán oportunidades porque el Barcelona estimó ayer la baja de Dembélé en tres meses y medio después de que el francés fuera operado con éxito. Denis va asomando más la cabeza y marcó por segundo partido consecutivo, después de una de las escapadas de Messi. A veces da la impresión de que el Barça depende del «10» más que nunca. Se defiende e intenta ser solidario a la espera de que la pelota le llegue al argentino para que invente. No es mal plan, pero debe tener alternativas.

Quien volvió a reivindicarse fue Paulinho, «sospechoso» desde su llegada por su edad (29 años), por venir de la liga China y por su precio (40 millones). Pero es titular con la selección de Brasil, tiene que saber lo que es una pelota, y también marcó por segundo partido consecutivo, esta vez con un cabezazo después de un córner. Incomprensiblemente nadie le cubrió. Pero no vivió sólo del gol, porque lo hizo de cine dejando pasar la pelota en el origen del tanto de Denis y acompañando a Leo antes de que el argentino firmara su triplete, que después fue un cuarteto. Porque en la segunda parte el argentino se desató. Más cansado y más impreciso el Eibar, le costaba volver y sufrió la versión de Messi desencadenado mientras Semedo y Paulinho seguían creciendo y Deulofeu se iba desesperando. «Tiempo» es la palabra. El que necesita el canterano, el que necesita el Barça y el que no necesita Leo.

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